Murallas Aurelianas

Las Murallas Aurelianas fueron construidas entre los años 270-275 d.C. por deseo del emperador Aureliano para defender la ciudad de las invasiones bárbaras procedentes del norte de Europa. El nuevo recinto amurallado ocupaba un perímetro de casi 19 km y consistía en un conjunto continuo de tramos de muralla de unos 6,50 m de altura, con un camino de ronda y, cada treinta metros, una torre más elevada con terraza.

A lo largo de las murallas, allí donde confluían los distintos caminos existentes, se abrieron puertas cuya forma y tamaño dependía de la importancia de las vías.
Tras una primera restauración realizada en el siglo IV bajo Majencio en los puntos de gran necesidad, en el siglo siguiente Honorio practicó una modificación radical con una intervención estructural que dobló la altura de la muralla. Así se formaron dos caminos de ronda: uno inferior cubierto salpicado de saeteras para los arqueros y otro superior descubierto, aunque protegido por el almenado destinado a las máquinas de guerra. En las torres también se añadió una segunda sala de maniobras, cubierta con un techo a varias aguas y comunicada con la sala inferior a través de escalones de obra.
Las fuentes antiguas señalan restauraciones realizadas en el siglo VI por Teodorico, rey de los Ostrogodos, y Belisario, general del emperador Justiniano. En los siglos siguientes, las obras de restauración se realizaron por deseo de diversos pontífices que, a partir del siglo XV, dejaron su huella en las murallas en forma de escudos y símbolos heráldicos e inscripciones.